Marcos 10:49-52
'Entonces Jesús, deteniéndose, mandó
llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama.
Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Respondiendo Jesús,
le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la
vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la
vista, y seguía a Jesús en el camino.'
Cuando Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué
quieren que haga por ustedes?» estos dieron una respuesta incorrecta. Querían
posición (v.37). Para los líderes cristianos siempre es una tentación competir
entre ellos por alcanzar una posición más prominente.
Somos llamados a seguir a Jesús, servirlo a
Él y servirnos los unos a los otros. La ambición espiritual no es algo malo,
pero es posible tener el tipo incorrecto de ambición. Podría ser algo tan sutil
como buscar nuestra propia gloria en lugar de ambicionarla para Jesús. Él dice:
«… el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor» (v.43).
Por supuesto, para la mayoría de nosotros, la
mayor parte del tiempo nuestras motivaciones están mezcladas. Cuando somos
tentados, como los discípulos, a buscar nuestra propia posición, proyección,
promoción, paga y popularidad, Jesús nos dice seis palabras: «… entre ustedes
no debe ser así» (v.43). Somos llamados a servir porque el servicio es el patrón
de Jesús.
Las vestiduras del auténtico discipulado no
son túnicas de color púrpura de un emperador sino la corona de espinas de
nuestro Salvador. Consiste en la cruz, no en un trono. Es una vida entregada
por los demás.
Sigamos el ejemplo de Bartimeo, quien clamó a
Jesús implorando misericordia (v.47). Jesús siempre responde cuando clamamos
pidiendo misericordia. Bartimeo pidió recuperar la vista. Se le abrieron los
ojos y vio a Jesús.
Pide hoy a Dios que abra tus ojos para ver a
Jesús y entender todo lo que ha hecho en tu favor al morir en la cruz por ti.
Señor, abre mis ojos para verte de forma más
clara, amarte con más devoción y seguirte mucho más de cerca (adaptado de la
Oración de San Ricardo de Chichester.)