martes, 6 de abril de 2021

Que quiere que haga

 

Marcos 10:49-52

'Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.'

 

Cuando Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué quieren que haga por ustedes?» estos dieron una respuesta incorrecta. Querían posición (v.37). Para los líderes cristianos siempre es una tentación competir entre ellos por alcanzar una posición más prominente.

Somos llamados a seguir a Jesús, servirlo a Él y servirnos los unos a los otros. La ambición espiritual no es algo malo, pero es posible tener el tipo incorrecto de ambición. Podría ser algo tan sutil como buscar nuestra propia gloria en lugar de ambicionarla para Jesús. Él dice: «… el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor» (v.43).

Por supuesto, para la mayoría de nosotros, la mayor parte del tiempo nuestras motivaciones están mezcladas. Cuando somos tentados, como los discípulos, a buscar nuestra propia posición, proyección, promoción, paga y popularidad, Jesús nos dice seis palabras: «… entre ustedes no debe ser así» (v.43). Somos llamados a servir porque el servicio es el patrón de Jesús.

Las vestiduras del auténtico discipulado no son túnicas de color púrpura de un emperador sino la corona de espinas de nuestro Salvador. Consiste en la cruz, no en un trono. Es una vida entregada por los demás.

Sigamos el ejemplo de Bartimeo, quien clamó a Jesús implorando misericordia (v.47). Jesús siempre responde cuando clamamos pidiendo misericordia. Bartimeo pidió recuperar la vista. Se le abrieron los ojos y vio a Jesús.

Pide hoy a Dios que abra tus ojos para ver a Jesús y entender todo lo que ha hecho en tu favor al morir en la cruz por ti.

Señor, abre mis ojos para verte de forma más clara, amarte con más devoción y seguirte mucho más de cerca (adaptado de la Oración de San Ricardo de Chichester.)

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